Con la bandera a media asta,
los ojos nublados por el rojo
Las extremidades solitarias reposando quien sabe donde
Y un grito,
y un grito que llama a pelear por aquella meta
Desgarradora de sueños,
Incluso si mis pasos no tengan forma
y se tiñan de un carmesí profundo
Aún así el casco en mi pecho guardará intacto el discurso de la victoria
El horizonte me devora en un trance suicida
Chupilca de dioses
Manjar endemoniado
Sus balas piadosas y su silencio ganador,
Si su majestad supiese que me ha perdido su reino
Si su alteza conociera al general tras este batallón kamikaze
Si su majestuosa no mantuviese las interpretaciones bajo un candado mudo
Si su enemigo no la considerara una consanguínea,
Hermana le aseguro las estrellas no se precipitarían como proyectiles
Si el sacrificio es inesperado la carne es blanda Disfrute su bistec
NOTA: DE ARCHIVOEtiquetas: poema urbano