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miércoles, enero 09, 2008

II Soy Kavielle y este es mi exorcismo 1

Mi Diosa me cubrió con un vestido de terciopelo negro con cintos flotantes de rojo anochecido, arreglo mi cabello, peinole hasta que los negros mechones bailaron como neblina sostenida en la brisa nocturna. Vagamos como dos nubes de lluvia en el reflejo del mar, confundiéndonos entre las sombras de los adoquines bajo los gélidos faroles.

Y amamos - así le llamábamos- cada noche de sedienta ternura, sumergidas en el vino de algún incauto. Nada ya importaba. Su mano sosteniendo mi cintura, un elixir sobrenatural, mis deseos personificados o, más bien, vampirizados.

Después de una de nuestros amoríos, dejamos los cuerpos en el callejón olvidado en que los encontramos, entre el humo ensordecedor del opio y visiones de vaga misticidad, tras sus ojos inyectados, deliciosa la expresión al ver dos ángeles que les seducen hasta desfallecer -literalmente-. Había yo sido discriminada por criaturas como esas debido a mis dedos manchados de carbón, después de trazar espléndidas escenas irreales en cuadernos que, escondía a mi madre bajo una tabla en mi habitación mortal. Ahora, esas imágenes rugían en mi mente, así como en la de mis amantes; les invadían y acosaban mientras sus corazones se hinchaban por última vez. Exquisito néctar.

De vez en cuando Carmilla me ofrecía un sorbo de su sangre, eran gotas de miel deslizándose en mis labios, en mi lengua, en el mar de éxtasis que era mi boca. El eterno desierto inmaculado en una noche de sacrificio. Dulce mortalidad.

Semanas después, al cerrarse el iris solar, abrí el sarcófago en el que, después de mi renacimiento ocultabame durante el día. Su figura esbelta se dibujaba sobre mi lecho como una estatua representando al Diablo en su más perversa perfección.


Es hoy -susurró casi imperceptible- Tus pasos hoy vagarán sin el eco de los míos.

El gemir de sus tacones en retirada silenciaron cualquier interrogante. Hoy amaría sola, quizás para comprender el sentimiento que tuvo ella tantas centurias.


Me aproximé a un burdel, envuelta en el maquillaje que nace en una mujer después de hacer el amor. Al traspasar las puertas ronroneantes, cortinas rítmicas y plumas festivas de la entrada, me acariciaron luces rojizas y violetas que teñían el humo del tabaco y opio. Las miradas alcoholizadas y lascivas de los hombres contrastaban con los muchachos intentando disimular su temprana lujuria hacia las incisivas doncellas del placer.

Me encaminé hacia la barra.

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lunes, enero 07, 2008

I Novia a oscuras (no ví, a oscuras) 3

Como la lujuriosa blasfemia se trenza con los mortales, la figura imponente y femenina se fundió con la muchacha; una criaturilla exenta de libertad y de cualquier pensamiento que escape del miedo, aquella visión le atraía como ninguna víctima de sus deseos de sangre lo hizo jamás.

Encontrabase Kabielle intoxicada en la desesperación, sus venas clamaban ser mordidas, violadas, bebidas y sus ojos acuosos formaban una madeja de espejos en la neblina de lágrimas cautivas.

El frío que se imponía en la estancia era un hilo insignificante junto al hibernal cuerpo de Carmilla; su mejilla izquierda apretada contra la derecha de la blanquecina presa; sentiase abrazada por una escultura perfectamente tallada en el hielo más virgen y eterno del que Dios -o Satán- tenga conciencia. Los dedos largos recorrían su espalda insaciables y a momentos, las uñas afiladas que los coronaban se dejaban sentir suavemente.

"esta noche es nuestra...esta noche estas muerta
hoy salpicare tu vida como una copa de vino
mañana estarás muerta como este cuerpo que pides a gritos"

susurraba rítmicamente la vampiresa mientras su sonrisa descubrió las sedientas navajas que formaban aquellos eternos colmillos que penetraron violentamente el suculento, largo y delicado cuello de porcelana desnuda que se le ofrecí
a.

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domingo, mayo 20, 2007

I Novia a oscuras (no vi, a oscuras) 2

Se dejo mirar, escapose un suspiro y , los dientes apretando sus labios se hicieron pecado en los oídos de Carmilla. Un pestañeo y la oscuridad se fundieron con aquella silueta nocturna quien se desvaneció del mundo en una eternidad gélida, encerrada en un suspiro.

Kavielle sintió una inexplicable angustia que solo se sofoco cuando los fríos y húmedos labios del curvilíneo espectro le rozaron el cuello y, un suspiro de venenoso deseo acallo su alma, entonces, una neblina cálida cubrió el infinito.

Serpientes de acero mordiendo las muñecas y un baño de luna le abrieron los ojos. De pie y sin más abrigo que un aura de cálido escalofrío se encontraba, confundida y temblorosa, con la punta de sus pies sentía el frió suelo.

Un silencio abrumador cortado por un rayo de luna colado entre los vidrios rotos de un vitral polvoriento y lejano. La quietud serpenteaba tranquila en derredor del eco de tacones afilados, golpeando el silencio, el abismo entre cada paso se tornaba angustioso y desesperante. Contra todo lo que siempre considero correcto y placentero, Kavielle sentía que cada sonido emitido por esas piernas firmes era el mas dulce de los cantos. Por su espalda subía furioso un torrente eléctrico y llameante que, al llegar a su cuello volviase un gemido profundo. Entonces una caricia invisible le rodeaba; el tacto de aquellos ojos cubiertos de misterio, tanteando, jugueteando entre sus formas, la razón se nubló.

Después de un rato, la percepción de la prisionera aumentó hasta poder sentir claramente el roce de los muslos de Carmilla entre cada paso, un tacto suave entre aquel paraíso de carne tierna. Lejana y seductora, incluso las caderas subiendo y bajando emitían un susurro endemoniado. Entonces, cuando sus párpados se rendían al éxtasis, el haz de luna cayó en tinieblas y, en medio, brillante la silueta de los labios sonrientes de su captora, adornados por colmillos que, a momentos desaparecían cubiertos por una lengua que asomaba su existencia, el miedo, la excitación y los latidos salvajes se multiplicaron y borraron los recuerdos, deseos y vidas antes de aquel encuentro. Hasta ese instante de vulnerabilidad y terror absoluto, nunca se sintió realmente viva. Carmilla dio un paso firme hacia ella y (...)

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sábado, abril 21, 2007

I Novia a ocuras (no vi, a oscuras) 1


(...) y untó sus dedos en aquella herida húmeda, pensó por un instante en los labios de su novio alojando sus caricias violentas. Levanto se callada, pestañeo tan lentamente que, por un instante, la catedral se cubrió de sombras espectrales. Dirigió la mano enrojecida hasta su lengua, que escapaba tímida entre los dientes afilados, lamió extasiada aquel elixir carmesí que, hace un solo rato bañaba los deseos y teñía la piel de su novio.

Kavielle, desde un rincón no explorado por los ojos de la seductora criatura, se cobijaba con la sombra de la polvorienta cruz de mármol, sus rodillas trémulas cantaban la melodía del miedo, la música preferida de Carmilla, quien detuvo su cata de aquel vino joven para observar, con sus pupilas a medio ocultar, en dirección a la joven. Pero, a pesar de la improvisada audencia, no se inmuto, e inclinandose nuevamente, atravesó la carne con sus dientes de perla asesina, esta vez, sin quitar la vista de su plato de fondo. Kavielle, sintió, por un momento, deseos de acompañar a esa figura pálida en su festín o, al menos, ser parte de el.

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