Limpio el espejo de la humedad después de la ducha,
me afeito bien -ella lo hacía en ocasiones y yo la observaba, mientras la navaja recorría mi cara, hermosa-
me visto con mi camisa habitual y el traje gris, es invierno -siempre me decía que este color me queda bien-
la corbata, preparo mi favorita con el secador, la lavé ayer, hago el nudo con dificultad -¿Dónde están tus manitas ahora?-
Bien, estoy peinado, hacia la izquierda
un poco de perfume
zapatos lustrados
¿Cómo me veo? -nadie responde-
De camino, paso dónde la Señora Ana a comprar un ramo de flores, ella sabe cuales...
la primera vez que vine me costó un retraso de media hora decidirme, hasta que la (en ese entonces) Señorita Ana me aconsejó el ramillete más brillante y colorido, perfecto -cómo tu sonrisa, amor-
Tiemblo mucho y las flores se sacuden, mis pasos se vuelven cortos y lentos mientras me aproximo,
toco mi peinado; sigue intacto
la corbata se aflojó; la arreglo con cuidado
respiro hondo
En el umbral, con letras gruesas y toscas:
Cementerio General
Etiquetas: poema urbano