un cuchillo de mantequilla desde el pan recién untado;
lo pongo en tu cuello y lo muevo con fuerza de un lado a otro, es inútil
la cuchara del te se asoma de una taza en el lavamanos;
la hundo en el rabillo de tu ojo izquierdo, la dejo ahí un rato,
esperando que el derrame quiera hacerte cerrar las pestañas,
ya es suficiente, lo saco de una sola vez y el globo vuela seguido de hilos rojos, hasta caer junto a mi; lo piso
¿Recuerdas los billetes que amas tanto?, si, esos que valen más que yo
arrugo un puñado de ellos y los introduzco en tu cuenca ocular vacía,
los gritos se ahogan en el paño de cocina en tu boca,
me das asco, lo quito e introduzco lento un cuchillo dentado de mamá,
casi hasta tocarte las amigdalas,
rápido hacia afuera,
las mitades de tu lengua caen en ambos costados,
ahora si pareces una vívora,
tus ojos ... tu ojo, más bien, está en blanco
me pregunto si has perdido la conciencia o tu pupila mira hacia el cráneo buscando mis recuerdos, sea cómo sea, me enternece, pero extraño los quejidos,
un poco de sal por aquí, algo de sal por acá; nieve rojiza cubriéndote ...
si no te retorcieras tanto ...
un martillazo en medio de tu calva;
esto no es gratis, papi
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